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Archivo: Febrero 2008

Ensueño

montzo 28/02/2008 @ 00:56

El silencio del Paraíso preconiza su vacuidad. La espada de fuego en la entrada impide el retorno de sus antiguos moradores. Un siglo y otro siglo deberán pasar durante siete eones y un eón antes de que el sueño termine y la humanidad unida a su verdadera esencia abandone el exilio de la realidad.
...Y para entonces los labios de Adán pronunciarán “Eva” sin que en su alma resuene el eco de «Lilith».


© 2008 Montxo.

Estigia

montzo 25/02/2008 @ 23:35

El dolor plegó sus velas, la muerte tomó el timón.


© 2008 Montxo.

El Deseo de la Colinas Eternas

montzo 23/02/2008 @ 22:36

¿Cuándo se cumplirá el deseo de las colinas eternas?

Los días, como dice el muy conocido adagio, pasan como arena entre los
dedos.

No me quejo, es rápido el paso del tiempo pero no tan rápido como puede desear una alma ligera poseedora de un par de alas infinitas. Pasan cosas pero nada cambia. ¿Recuerdan la vieja ley gatopardista?: Cambien todo lo necesario para que nada cambie.

Es sorprendente cómo, después de siglos los seres humanos mantienen las prácticas de explotación (¡palabra maldita!), la indiferencia y el odio hacia su misma especie y lo que es peor, no parece haber señales de cambio.

Aun si todas las personas del mundo, entre las que me incluyo por supuesto, y estoy siendo generoso al darnos el beneficio de la duda; aun si todas las personas del mundo se ponen de acuerdo que somos gentiles, amables, misericordiosos y con el corazón lleno de buenos sentimientos para con nuestro prójimo, el mal se desplaza rampante en todos los lugares y esquinas de éste, nuestro pobre planeta.

Siendo optimista podemos creer que la cizaña y el trigo crecen juntos pero la realidad nos muestra que la fragancia de la cizaña llena los rincones de la Tierra.

Supongo que debemos soportar y esperar pero no es fácil. Las canciones de la Sirenas son cada vez más fuertes a medida que el tiempo pasa. La sociedad sigue pasos alejados de aquellos collados y valles que aprendimos a llamar nuestros y cuando el paisaje cambia tan radicalmente nos preguntamos:

¿Tenemos razón?,
¿vale la pena arrostrar esta soledad y este dolor?

Pero cuando recordamos que somos sólo un pequeño bote en el dolido, oscuro océano de la realidad una respuesta viene fácil a la mente: «así es como es, no hay forma de evitarlo, debemos aceptar la soledad como nuestro medio ambiente natural, no importa cuán ruidosa es nuestra existencia, todo ocurre a nuestro lado, nunca dentro nuestro».

Estamos aquí pero no pertenecemos a aquí, no como una sólida parte de la fiesta que vivimos, solamente como accesorio necesario. De modo que debemos disfrutar lo que haya para disfrutar y soportar lo que sea que exista para ser soportado.

Sí, claro, pero de todos modos ¡es un bocado difícil de tragar!
Sin embargo, pensando un poco...
Y si...

¡¡Oh, vamos!!

¡Pero puede que...!


© 2008 Montxo.

Micro_bío (El don) (Última parte)

montzo 11/02/2008 @ 19:23

Los años se fueron y un día, para mi confusión otra vez, se me informó que ya no pertenecía al ruedo de los que calientan sus huesos alrededor de la fogata de la vida. Até mi bagayito con las pocas pertenencias que me quedaban: algunos recuerdos borrosos de manos cálidas que ya no sabía a quien pertenecían. Y con una sensación de liviandad comencé la travesía hacia allá.

Luego de un atemporal viaje me encontré en una planicie casi viva al compás del viento que movía los tallos de los dientes de león. Los colores danzaban entre el cielo y la tierra dejando estelas de matices que provocaban aromas en los ojos y la inmensidad cabía en el hueco de mi mano como si el infinito se arrellanara entre mis dedos para confortar esa cotidiana soledad que me arropó en vida.

Rápidamente me quité el calzado y comencé a caminar por el suave césped que alfombraba el suelo. El contacto de la gramilla y la tierra con mis pies me revelaron un secreto nuevo: había llegado al hogar… no, al Hogar.

Comencé a correr y a saltar por sobre las matas, ahora mi cuerpo me seguía alegremente. En un momento sentí la urgencia de tenderme sobre la grama tan largo como era y debía serlo mucho porque no alcanzaba a ver mis pies. Miré el cielo, las nubes eran tan bellas que quería cantar y contar todo lo que sentía para que mis hermanos me acompañaran en esta extravagante experiencia.

Entonces lo supe, tendría que cantarlo, tendría que escribirlo. Y vino a mi mente una frase leída hace muchos años, no recuerdo donde: «si no os hacéis como niños...»

Ése había sido, ése es, mi don, el hacerme como un niño, toda mi vida fue así, plena y llena de gracia. Lo entendía ahora y quería transformar ése, mi don, también en mi legado.

Tomé una delgada espiga de diente de león y mojando su punta en algunas gotas de rocío que se balanceaban sobre las hojas comencé a delinear mi tragicómica historia y su secreto para que, si hay quienes se preguntan aún que cosa les tocó vivir, puedan encontrar, al menos, una brújula que les indique que siempre hay una razón.

Y otra vez mi ingenuidad y mi ignorancia me hacen creer que tengo madera de escritor y que estas palabras van a llegar al corazón de mis hermanos lectores...


© 2008 Montxo.

Micro_bío (El don) (Primera parte)

montzo 02/02/2008 @ 16:24

boomp3.com

Todo comenzó al principio.

En un momento de confusión fui informado que había nacido.

El hecho ocurrió, hace años, en una pequeña isla del Mediterráneo de nombre impronunciable: Ghawdex y aunque me aseguran que estuve presente en el evento, debo confesar que no lo recuerdo. Se me bautizó y dicen que en ese momento el agua se evaporó de la pila bautismal pero presiento que es una exageración.

Desgajé la niñez pétalo a pétalo, resolviendo la realidad como a un rompecabezas tridimensional desplegado sobre las eternas colinas de la aldea natal.

La pubertad y adolescencia me asaltaron sin aviso, haciendo presa de mi inexperiencia y juventud. Reparé mi rasgado tejido interior repartiéndome entre los angustiosos momento de voz blanca y barítono desafinado con la gracia de un diplodocus y un tábano tratando de realizar el pas de deux de los cisnes negros.

Finalmente el tiempo determinó que ya era adulto pero mis entrañas no lo sabían, es que la adultez es un estado de ánimo no una cronología. Mi rostro me salvó… Parecía adulto.

Durante algún tiempo traté de salvar al mundo pero luego me enteré que había llegado tarde, bastante tarde.

Enancado en el tiempo me dejé llevar; las voces desgarrantes del Mistral y el gélido aliento del Cierzo acompañaron mis recuerdos al abandonar el acogedor mundo del Mare Nostrum y el universo se abrió ante mis azorados ojos de chiquilín con apariencia de adulto.

Esa misma inocencia e ignorancia fueron mi salvación, nadie podía creer que fuera tan perfectamente imbécil (la perfección no existe, salvo en casos especiales como el mío) y ello los llevó a urdir historias de conspiraciones a las que me sumaban, a veces como aditamento necesario y otras como eminencia gris, suponiendo aviesas y ocultas intenciones en la prosecución de inconfesables fines. El temor que esto les provocaba los obligaba a presentarme un respeto que no sentían pero también me guardó de males mayores.

Así volé por sobre las miserias humanas, mías y ajenas, llenando mi vida con arias y lecturas que a la manera de ángeles guardianes arroparon mi alma y le permitieron ser feliz aun en medio de las más crueles vicisitudes.

De pronto me encontré con que el tiempo decía que ya era un anciano y para mi desazón mi cuerpo también, cada vez que le proponía: «corramos hasta aquellas matas y saltemos sobre ellas», mi cuerpo respondía: «quién, ¿¡yo!?» Y así, el chiquilín interno se encontró solo: los ancianos no lo comprendían, pensaban que estaba loco y los jóvenes no lo entendían, pensaban que era un orate.

Nuevamente la ingenuidad y la ignorancia vinieron en mi ayuda, al mirar a mi alrededor encontré mi experiencia en lenguas, ganada en años de viajes alrededor de este desvencijado planeta y se me ocurrió que podría trasvasar culturas y acervos de idioma a idioma. Con la desaprensión y libertad de la juventud me lancé al ruedo y la suerte que como mujer que es le agrada la ingenuidad y los bebés me recompensó haciéndome sentir culminada mi intención, que en realidad es todo lo que hace falta para sentirse exitoso.

(continuará)


© 2008 Montxo.


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