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Micro_bío (El don) (Última parte)

Los años se fueron y un día, para mi confusión otra vez, se me informó que ya no pertenecía al ruedo de los que calientan sus huesos alrededor de la fogata de la vida. Até mi bagayito con las pocas pertenencias que me quedaban: algunos recuerdos borrosos de manos cálidas que ya no sabía a quien pertenecían. Y con una sensación de liviandad comencé la travesía hacia allá.

Luego de un atemporal viaje me encontré en una planicie casi viva al compás del viento que movía los tallos de los dientes de león. Los colores danzaban entre el cielo y la tierra dejando estelas de matices que provocaban aromas en los ojos y la inmensidad cabía en el hueco de mi mano como si el infinito se arrellanara entre mis dedos para confortar esa cotidiana soledad que me arropó en vida.

Rápidamente me quité el calzado y comencé a caminar por el suave césped que alfombraba el suelo. El contacto de la gramilla y la tierra con mis pies me revelaron un secreto nuevo: había llegado al hogar… no, al Hogar.

Comencé a correr y a saltar por sobre las matas, ahora mi cuerpo me seguía alegremente. En un momento sentí la urgencia de tenderme sobre la grama tan largo como era y debía serlo mucho porque no alcanzaba a ver mis pies. Miré el cielo, las nubes eran tan bellas que quería cantar y contar todo lo que sentía para que mis hermanos me acompañaran en esta extravagante experiencia.

Entonces lo supe, tendría que cantarlo, tendría que escribirlo. Y vino a mi mente una frase leída hace muchos años, no recuerdo donde: «si no os hacéis como niños...»

Ése había sido, ése es, mi don, el hacerme como un niño, toda mi vida fue así, plena y llena de gracia. Lo entendía ahora y quería transformar ése, mi don, también en mi legado.

Tomé una delgada espiga de diente de león y mojando su punta en algunas gotas de rocío que se balanceaban sobre las hojas comencé a delinear mi tragicómica historia y su secreto para que, si hay quienes se preguntan aún que cosa les tocó vivir, puedan encontrar, al menos, una brújula que les indique que siempre hay una razón.

Y otra vez mi ingenuidad y mi ignorancia me hacen creer que tengo madera de escritor y que estas palabras van a llegar al corazón de mis hermanos lectores...


© 2008 Montxo.

montzo11-02-2008 GTM 1 @ 19:23
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Micro_bío (El don) (Primera parte)

boomp3.com

Todo comenzó al principio.

En un momento de confusión fui informado que había nacido.

El hecho ocurrió, hace años, en una pequeña isla del Mediterráneo de nombre impronunciable: Ghawdex y aunque me aseguran que estuve presente en el evento, debo confesar que no lo recuerdo. Se me bautizó y dicen que en ese momento el agua se evaporó de la pila bautismal pero presiento que es una exageración.

Desgajé la niñez pétalo a pétalo, resolviendo la realidad como a un rompecabezas tridimensional desplegado sobre las eternas colinas de la aldea natal.

La pubertad y adolescencia me asaltaron sin aviso, haciendo presa de mi inexperiencia y juventud. Reparé mi rasgado tejido interior repartiéndome entre los angustiosos momento de voz blanca y barítono desafinado con la gracia de un diplodocus y un tábano tratando de realizar el pas de deux de los cisnes negros.

Finalmente el tiempo determinó que ya era adulto pero mis entrañas no lo sabían, es que la adultez es un estado de ánimo no una cronología. Mi rostro me salvó… Parecía adulto.

Durante algún tiempo traté de salvar al mundo pero luego me enteré que había llegado tarde, bastante tarde.

Enancado en el tiempo me dejé llevar; las voces desgarrantes del Mistral y el gélido aliento del Cierzo acompañaron mis recuerdos al abandonar el acogedor mundo del Mare Nostrum y el universo se abrió ante mis azorados ojos de chiquilín con apariencia de adulto.

Esa misma inocencia e ignorancia fueron mi salvación, nadie podía creer que fuera tan perfectamente imbécil (la perfección no existe, salvo en casos especiales como el mío) y ello los llevó a urdir historias de conspiraciones a las que me sumaban, a veces como aditamento necesario y otras como eminencia gris, suponiendo aviesas y ocultas intenciones en la prosecución de inconfesables fines. El temor que esto les provocaba los obligaba a presentarme un respeto que no sentían pero también me guardó de males mayores.

Así volé por sobre las miserias humanas, mías y ajenas, llenando mi vida con arias y lecturas que a la manera de ángeles guardianes arroparon mi alma y le permitieron ser feliz aun en medio de las más crueles vicisitudes.

De pronto me encontré con que el tiempo decía que ya era un anciano y para mi desazón mi cuerpo también, cada vez que le proponía: «corramos hasta aquellas matas y saltemos sobre ellas», mi cuerpo respondía: «quién, ¿¡yo!?» Y así, el chiquilín interno se encontró solo: los ancianos no lo comprendían, pensaban que estaba loco y los jóvenes no lo entendían, pensaban que era un orate.

Nuevamente la ingenuidad y la ignorancia vinieron en mi ayuda, al mirar a mi alrededor encontré mi experiencia en lenguas, ganada en años de viajes alrededor de este desvencijado planeta y se me ocurrió que podría trasvasar culturas y acervos de idioma a idioma. Con la desaprensión y libertad de la juventud me lancé al ruedo y la suerte que como mujer que es le agrada la ingenuidad y los bebés me recompensó haciéndome sentir culminada mi intención, que en realidad es todo lo que hace falta para sentirse exitoso.

(continuará)


© 2008 Montxo.

montzo02-02-2008 GTM 1 @ 16:24
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Anhelo

Gorrión

Halcón peregrino




Mi poesía es un sueño de gorrión observando volar a un halcón peregrino.


© 2008 Montxo.

montzo30-01-2008 GTM 1 @ 04:40
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¿Había una vez...?

Estaba tratando de decidir si comía una tostada o un bizcocho de chocolate y nueces con el desayuno cuando note un montón de ideas en el piso de mi mente.

¡Producto del desorden de Elfo, por supuesto! Jamás desparramo ideas por el piso, me es más fácil mantenerlas en orden y archivadas.

Cuando me acerqué al revoltijo (una forma de decir, por supuesto, ¡ya estoy bastante cerca de mi mente!), pude ver sus pequeña cabeza emerger del montículo.

–¿Qué estás haciendo? –le pregunté confundido como siempre que me enfrento a las actividades de Elfo.

–¡Había una vez...! –dijo enconadamente.

–¿¡Qué!? –Sé que no es una pregunta original pero es lo único que se me ocurrió en el momento.

–¿De donde vienen esas palabras?: ¡Había una vez...!
–¿Nunca pasa que «¿Había hoy? o ¿Había ayer?... ¿Por qué no?
–¿Sabes por qué? ¿Eh? ¿Lo sabes?
– soltó todas estas oraciones juntas como si fueran una sola.

Evidentemente Elfo estaba en uno de esos berrinches contra... ¡nada!

Traté de ignorar sus intentos de discusión pero, como siempre, no pude. Se me acercó y colocando su nariz mental contra la mía volvió a la carga:

–¿LO sabes?

–¡No!, no lo sé, –dije tratando de ver por encima de su hombro si había alguna buena idea acerca de elegir una tostada o un bizcocho de chocolate, aun sabiendo que no habría forma de disuadir al pequeño granuja de continuar una vez comenzada una escaramuza.

–¿Y bien? –dijo con las manos en jarra, –¿qué piensas de esto? ¿Donde crees que se originó la frase?

Tratando mantener un perfil bajo volví a contestar:

–¡No lo sé!

–¡No lo sé! –¡No lo sé! –Me imitó como tiene por costumbre. –¡¿No puedes mostrar un poco menos de idiotez y darme una respuesta lógica?! ¿¡Para qué tienes todo eso que llamas cerebro!? ¿¡eh!? ¿¡eh!?

Tuve que renunciar, no se puede ignorar una espina en un ojo.

–Mira, –le dije. –esas palabras se usan en cuentos de hadas y en canciones de guarderías infantiles como, por ejemplo, las del Mamá Gansa.

–¡Bah!, Mamá Gansa es una gansa, –protestó.

–¡Claro que lo es!, –dije con énfasis.

–¡Y también sus cuentos y canciones! –agregó intensamente.

–¡Bueno, bueno!, –le acepté un poco condescendiente, –olvidemos todo esto. ¿Sí?

–¡¿Olvidar?! ¡¿Olvidar?!, ¡¿sabes que las personas como tú que olvidan todo son las culpables de los mayores males en el mundo?!

¡Me quedé de una pieza! ¡¿Mayores males en el mundo?!

–¡¿De que hablas?! ¡¡Himmeldonnerwetter!! –Cuando comienzo a enojarme asoma alguna de esas palabras alemanas que no terminan nunca. –¿¡Mayores males!?, ¡estamos hablando de Mamá Gansa aquí, no de males mayores!

–Tú hablabas de Mamá Gansa, no yo. Yo estoy preocupado por todo lo que «había una vez» y no «hay ahora».

–¡¿Lo qué?! –(Ya sé, ya sé, no se debe usar «lo» delante del oblicuo «que» pero no me pueden negar que la partícula le da más énfasis a la frase, además bajo la presión del enojo es, digamos, aceptable).

–¡Donde está mi martillo mental! –agregué rabiosamente.

Elfo puso su mejor rostro desdeñoso y dándose vuelta se perdió en el archivo. Yo sé que huía con terror del martillo mental, no sabía qué cosa era eso (yo tampoco) pero sonaba suficientemente impresionante como para hacerlo desaparecer. De todos modos se las arregla para alejarse dejando la sensación de que me ha derrotado. ¡Himmeldonnerwetter, otra vez!


© 2008 Montxo.

montzo11-01-2008 GTM 1 @ 04:00
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Estupor

Adán se preguntó mirando asombrado su cintura: ¡¿Dónde está mi ombligo?!


© 2008 Montxo.

montzo10-01-2008 GTM 1 @ 05:20
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Presagio

Frase que suena a heroísmo: «No lloren por mí». Pero en la boca de un Dios es ominosa.


© 2007 Montxo.

montzo31-12-2007 GTM 1 @ 20:39
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Alienación

Desde la sombra la Sibila habló:

Observad a vuestro alrededor, sólo sois embarcaciones que surcan el brumoso mar de la realidad, algunos adornados con luces de colores, banderas y oriflamas, otros con tan sólo las luces de posición y otros más, aun sin ellas.

A veces os acercáis tanto que pensáis poder comunicaros. Enviáis señales desde vuestra cubierta. Pobres, tristes, frenéticas señales enviadas desde vuestra soledad. Os contestan. ¡Al fin, os habéis comunicado! Pero… ¿lo hicisteis? Cerca, estuvisteis cerca; sin embargo, jamás podréis abordar ese otro barco, nunca sabréis quien reside en ese puente.

–¿Por qué estáis enajenados de este modo?

¿Cuál es la razón de esa severa exclusión?

¿Cómo podréis sentir los sentimientos de otra gente, compartir sus creencias, saber lo que “rojo” significa, realmente significa, en sus mentes?

Y ¿por qué no podéis hacerlo?

–¿Os habéis preguntado esto alguna vez?

–¡Por supuesto, que no!

–Os conformáis con el premio consuelo de la amistad, la comprensión, el compañerismo y los pobres remedos de eso que llamáis amor: abrazos, besos y el estar cerca pero ¡nunca lo suficientemente cerca!

¡Lamentaos humanos… sufrís y no os interesa el porqué!


© 2007 Montxo.

montzo25-12-2007 GTM 1 @ 01:09
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El día del fantasma...

Hoy es el Día del Fantasma...

Creí que pensaba esta frase silenciosamente, tratando de crear alguna historia acerca del tema pero para mi consternación el eco de mi mente me devolvió los sonidos.

–¿El fantasma de quién? –preguntó inmediatamente Elfo.

Gemí silenciosamente, ¡aquí íbamos otra vez!

Eh... el fantasma de nadie y el de todos. –tuve que responderle algo. –Cuando hablas del día de la Madre te refieres a ninguna y a todas. ¿esta claro?

Pero entonces, –ahora que tenía un tópico, el pequeño tunante no iba a ser disuadido fácilmente de comentarlo, –pero entonces, ¿cómo es un fantasma?

¡Un fantasma, es un fantasma y nada más que un fantasma! –le martillé, tratando de cerrar la discusión, pero, por supuesto, no logré mi cometido.

¿Cómo te vuelves un fantasma? –preguntó Elfo.

Yo sabía que él sabía, pero como siempre soy masilla de moldear mental en sus manos mentales.

Yo no soy un fantasma, –le dije con firmeza, tratando de desviar su línea de pensamientos.

¡Quizá es más fácil parar la Luna en su viaje alrededor de la Tierra!

Dejó escapar una risita tonta, de colegial, a veces, creo que es menor de edad.

No me refiero a ti, tonto, a una persona en general.

Bueno... primero, esa persona debe morir, –estaba pensando desesperadamente para encontrar una razón que me permitiera terminar la conversación pero no podía encontrar una, –bueno... primero, esa persona debe morir y luego tiene que haber un error administrativo en el manejo de los expedientes en la otra vida; esa persona no puede ingresar al cielo y esa persona tampoco puede entrar al infierno... por lo tanto esa persona se convierte en un... Fantasma. ¡Ahí está! –exclamé pensando que había dado fin al tema. Fue un error.

¿La otra vida? ¡¿Qué quieres decir con la otra vida?! ¡Eso es ridículo!

¿Por qué piensas que es ridículo?

¿Cuándo has estado en la otra vida?

Nunca, –reconocí, –pero por otra parte, ¡no estoy muerto todavía!

No hay otra vida, –dijo, –lo que ocurre es que cambias de carril.

¿Carril?... ¿cambias de carril?, ¡¿qué quieres decir?!

¿No lo ves? –continuó Elfo siguiendo una lógica difícil de interpretar, –una persona debe morir para convertirse en fantasma y por lo tanto debe ir a la otra muerte, no a la otra vida.

Pero, –traté de mantenerme en contacto con la realidad. –¡¿cómo puedes estar vivo en la otra muerte?!, quiero decir... ahhh... ¡¡¡¿otra muerte?!!!

Ya ves, nadie está vivo en la otra muerte. –Elfo sonaba triunfante.

Pero, pero un fantasma... –me detuve al no saber cómo seguir.

Un fantasma es una persona muerta, ¿no es así?

Sí, una persona muerta –dije, dejando de lado todas esas historias de viejas acerca de cosas y animales fantasmas.

¡Ahí lo tienes! –me espetó como si hubiera aclarado todo.

Me tragué un Valium y un Prozac, bebí un vaso de agua y me negué a seguir la conversación...

Justo antes de perderme en la densa bruma de la inconsciencia un pensamiento emergió de mi subconsciente: ¿no sería todo esto una enorme broma, una colosal chanza, fraguada por Elfo?


© 2007 Montxo.

montzo20-12-2007 GTM 1 @ 23:13 Tags:
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Apuro

La muerte llamó a mi puerta pero yo ya había partido.


© 2007 Montxo.

montzo18-12-2007 GTM 1 @ 21:08
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¿Comida?

–Gachas, –dijo el mesero.
–¿Gachas?, –pregunté yo.
–¡Sí!, –afirmó con tono definitivo y mortal.
Me fui.


© 2007 Montxo.

montzo12-12-2007 GTM 1 @ 05:18
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Quién Soy

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